Reglas de gobernanza global
La gobernanza fiscal no es un concepto nuevo; varios aspectos de esta existen desde hace bastante tiempo. Sin embargo, es un área que continúa evolucionando, con cambios en la legislación que se centran cada vez más en la importancia de los datos, procesos, controles y la gobernanza.
El programa BEPS de la OCDE es un excelente ejemplo de esto. Se centra en nuevas normas diseñadas para contrarrestar la evasión fiscal corporativa percibida por parte de corporaciones multinacionales. Analiza dónde y cuánto deberían pagar en impuestos estas empresas. Más de 130 países se han comprometido a implementar estas reglas, y su cumplimiento ha obligado a las empresas a tener un enfoque renovado en sus procesos internos.
“A menudo se dice que, para realizar un cálculo completo del segundo pilar, es posible que se requieran alrededor de 150 puntos de datos por jurisdicción/entidad. No hay manera de que el cumplimiento de ese régimen sea posible sin un buen manejo de los datos, procesos, controles y gobernanza, y estamos trabajando mucho con los clientes en esta área”. Sam Dean, Director y líder de Gestión de Riesgos Fiscales y Gobernanza, Grant Thornton Reino Unido.
Muchas naciones tienen sus propios métodos para evaluar la gobernanza tributaria, y ya existen los regímenes “Business Risk Review+” del Reino Unido y “Justified Trust” de la ATO para realizar evaluaciones sobre el nivel de calidad de la gobernanza, procesos y controles tributarios. Obtener malos resultados no sólo repercute negativamente en los resultados ESG de una organización, sino que también puede llevar a un escrutinio mucho mayor por parte de la administración fiscal, con todos los costos asociados que conlleva, ya que es más probable que los detalles sean incorrectos, sin procesos, controles y gobernanza de buena calidad.
“Incluso estamos viendo que las administraciones tributarias optan por señalar y denunciar una variedad de problemas de cumplimiento, entonces, ¿cuánto tiempo pasará antes de que la mala gobernanza fiscal sea uno de esos problemas?” explica Sam. "Eso tendría un enorme impacto en la reputación, no sólo sobre los accionistas sino también sobre los clientes, que son cada vez más exigentes sobre lo que compran y a quién se lo compran".