En marzo del 2024, el Gobierno Nacional anunció la quita de subsidios a la luz y al gas para uso no residencial, viéndose afectadas miles de PyMEs, industrias y comercios. Esto influyó en que en el segundo trimestre del año aumentara la preocupación del mercado medio por los costos energéticos.
Gabriel Righini y Estanislao de León, Socios de Auditoría y Referentes de Energía y Recursos Naturales de Grant Thornton Argentina, explican que, a raíz de esto, en agosto, la Secretaría de Energía de la Nación y el Banco de la Nación Argentina (BNA) firmaron un importante convenio en el marco del ‘Programa de Reconversión y Eficiencia Energética’. Este está destinado a la adquisición de tecnología energéticamente eficiente, permitiéndole a las empresas ahorrar costos mediante la adquisición de electrodomésticos de consumo eficiente, termotanques solares y/o paneles fotovoltaicos para el autoabastecimiento o reducción de la demanda energética.
A su vez, en julio y octubre se pusieron en marcha dos plantas compresoras de gas pertenecientes al Gasoducto Perito Francisco Pascacio Moreno (ex Gasoducto Presidente Néstor Kirchner), mejorando la capacidad de transporte de gas desde Vaca Muerta. En diciembre se puso en marcha una tercera planta, que permite transferir gas del gasoducto del sur al gasoducto del norte y también permite el reemplazo de combustibles líquidos importados por gas natural licuado (GNL) en centrales térmicas para la producción de energía.
“Argentina se encuentra en un proceso de repensar el consumo de energía y de reaprendizaje: se buscan alternativas para reducir el uso de energía y la sociedad demanda una producción más amigable con el medioambiente”, destaca Righini.
“En el país aún se sigue apostando por los combustibles fósiles como principales generadores de energía”, agrega de León. “Si bien hay proyectos de energía renovable, todavía el foco está en Vaca Muerta. Prueba de ello son los proyectos que se han presentado para adherirse al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI): en los primeros dos meses, de seis proyectos presentados, solo uno corresponde a energía renovable”.
Transición a las energías renovables
A corto y mediano plazo, la irrupción de las energías verdes no implicaría una reducción de costos porque las estructuras de nuestro país no están preparadas para satisfacer la demanda. Sin embargo, podemos esperar que a largo plazo sí contribuya a la reducción de los costos energéticos, ya que la vida útil de las granjas solares y eólicas y de las centrales hidroeléctricas es mayor que la de las cuencas hidrocarburíferas. Esto supondría que es más viable y redituable la explotación de energías verdes ya que necesitaría una menor inversión a largo plazo.
Los expertos remarcan que en la transición a las energías renovables se podría presentar cierta volatilidad en los precios. Pero con un plan de uso sostenible y eficiente, las empresas podrían optimizar el uso de energía y reducir la exposición a la volatilidad, aprovechando al máximo los momentos de estabilidad para el ahorro en costos.
Sin embargo, esta no es la única manera en que el mercado medio argentino puede ahorrar en los costos energéticos. “Más allá de los beneficios fiscales para productores de fuentes renovables de energía destinada al mercado eléctrico mayorista, nuestro país cuenta con reglamentaciones que otorgan beneficios o incentivos por consumo energético responsable y generación distribuida a comercios, empresas e industrias”, explica Righini.
La Ley Nacional de Generación Distribuida 27.424, por ejemplo, fomenta la generación de energía por fuentes renovables para el autoconsumo y la inyección de excedentes a la red mediante certificados de crédito fiscal y el otorgamiento de préstamos, incentivos, garantías y aportes de capital para la implementación de sistemas de generación distribuida de origen renovable.
Empresas e industrias de 16 provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires pueden beneficiarse de esta Ley, convirtiéndose en “Usuario Generador”. Esto les permitiría reducir costos y a la vez, generar un impacto ambiental y social positivo en sus comunidades.
Argentina es un país muy rico naturalmente y con facilidades geográficas para la generación de energías renovables en toda su extensión. En teoría, las centrales hidroeléctricas y de biomasa y las granjas solares y eólicas pueden ser adaptadas a escala para una producción de autoconsumo en todas las regiones, aprovechando las bondades propias de la zona. Sin embargo, este tipo de transformaciones requeriría de tiempo, inversiones y programas de gobierno que promuevan estos cambios.